Si me conoces, sabes que tengo debilidad por todo lo que lleve limón. Este bizcocho de limón es mi versión favorita: esponjoso por dentro, con un aroma que inunda toda la cocina, y un glaseado que se cuela por las grietas de la corteza dorada y le da ese toque dulce-ácido que lo hace irresistible.
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Lo que hace especial a este bizcocho es que usamos tanto la ralladura como el zumo del limón en la masa, y luego repetimos el zumo en el glaseado. Eso le da una doble capa de sabor cítrico que no se pierde con el horneado. Además, el aceite en la masa lo mantiene húmedo durante días (si es que dura tanto, que lo dudo).
He probado decenas de recetas de bizcocho de limón a lo largo de los años. Algunas demasiado secas, otras con un sabor a limón tan tímido que podrían haber sido de vainilla. Esta receta es la que se ha ganado el puesto fijo en mi cuaderno de cocina, y es la que preparo cada vez que alguien me pide que lleve algo a una comida, una merienda o una reunión. Nunca falla.
Saca los huevos del frigo al menos 30 minutos antes. Los ingredientes a temperatura ambiente se integran mucho mejor y el resultado es más esponjoso. Si se te ha olvidado, puedes sumergir los huevos (con cáscara), en agua tibia durante 5 minutos.
Ralla solo la parte amarilla del limón, nunca la parte blanca (el albedo), porque amarga. Un microplane o rallador fino es tu mejor aliado aquí. No escatimes con la ralladura: es donde está todo el aceite esencial y el aroma real del limón.
No abras el horno durante los primeros 25 minutos. La masa necesita ese tiempo para asentarse y subir. Si abres antes, el centro puede hundirse.
Deja enfriar el bizcocho completamente antes de glasear. Si está caliente, el glaseado se derretirá y desaparecerá absorbido por la miga. Paciencia, merece la pena esperar.
Tamiza la harina siempre. Parece un paso prescindible, pero marca la diferencia entre un bizcocho fino y uno con grumos o textura irregular.
A temperatura ambiente: tapado con film transparente o dentro de una campana, se mantiene perfecto durante 3-4 días. El aceite en la masa ayuda a que no se seque.
En la nevera: si hace mucho calor o si ya lo has glaseado, guárdalo en la nevera tapado. Sácalo 20-30 minutos antes de servirlo para que recupere su textura tierna.
Congelación: puedes congelarlo sin glaseado, bien envuelto en film y dentro de una bolsa con cierre, hasta 2 meses. Descongélalo a temperatura ambiente y glasea justo antes de servir. El glaseado no se congela bien porque al descongelarse se vuelve pegajoso y pierde la textura.
Raciones sobrantes: si cortas porciones individuales, puedes envolverlas por separado y congelarlas. Así sacas solo lo que necesitas.
Limón y naranja: sustituye parte del limón por una naranja (tanto ralladura como zumo), para un sabor cítrico más suave y redondo.
Con semillas de amapola: añade 2 cucharadas de semillas de amapola a la masa junto con los ingredientes secos. El clásico lemon poppy seed cake.
Con lemon curd: antes de glasear, extiende una capa generosa de lemon curd sobre la superficie del bizcocho. Luego glasea por encima. Es más goloso pero espectacular. Aquí tienes la receta para hacerlo tu misma.
Sin gluten: sustituye la harina de trigo por una mezcla de harina sin gluten que incluya goma xantana (tipo Schär o similar). La textura cambia ligeramente pero sigue funcionando bien.
Sin lactosa: usa mantequilla sin lactosa y yogur sin lactosa (no vegetal, que cambia mucho la textura). El resultado es prácticamente idéntico.
En molde bundt: queda precioso, pero vigila el tiempo de horneado, puede necesitar 5-10 minutos menos. Engrasa el molde muy bien, en todos los rincones.
Con cobertura de cream cheese: si prefieres algo más cremoso en lugar del glaseado simple, mezcla 100 g de queso crema con 80 g de azúcar glas y una cucharada de zumo de limón. Extiéndelo sobre el bizcocho frío.

Este bizcocho lleva conmigo años. Es de esas recetas que empiezas haciendo "por probar" y acaba convirtiéndose en la que te piden en cada ocasión.
No tienes quedarte sólo en el de limón, prueba también mis otras recetas como el bizcocho de manzana, el de yogur, o el de pera, seguro que te sorprenden.
Si buscas algo más cómodo puebra los bizcochos en thermomix, como el de chocolate, que siempre gusta a todos!
Si lo preparas, me encantaría saberlo. Déjame un comentario o etiquétame en redes: me hace mucha ilusión ver vuestras versiones.
Receta fácil de bizcocho de limón con glaseado de azúcar glas. Esponjoso, húmedo gracias al yogur y con doble sabor a limón. Listo en menos de una hora. Perfecto para meriendas, desayunos y reuniones.

Exprime los limones hasta conseguir suficiente zumo
En un vaso añade el zumo de limón a la leche y reserva.
Deja que la leche se corte
En un bol mediano, tamiza la harina junto con la levadura química Remueve brevemente con un tenedor para que se distribuyan bien y reserva.

En un bol grande, bate los huevos con el azúcar usando unas varillas eléctricas durante 3-4 minutos, hasta que la mezcla esté pálida, esponjosa y haya duplicado su volumen.
Este paso es clave para la textura: el aire que incorporas aquí es lo que hace que el bizcocho suba y quede ligero.

Mezcla solo hasta que esté todo bien integrado, sin batir de más.

Vierte la mezcla de harina sobre la masa en dos tandas, integrando con una espátula con movimientos envolventes de abajo hacia arriba.
Vierte la masa en el molde preparado y hornea a 180 grados durante 50 minutos, o hasta que un palillo insertado en el centro salga limpio (o con alguna miguita seca, pero sin masa cruda) y la superficie esté dorada. No abras el horno durante los primeros 25 minutos.

En un bol pequeño, mezcla el azúcar glas tamizado con el zumo de limón, cucharada a cucharada, hasta obtener una consistencia espesa pero que fluya. Quieres que caiga lentamente de la cuchara en un hilo grueso.
Si queda muy espeso, añade unas gotas más de zumo; si queda líquido, más azúcar glas.

Vierte el glaseado sobre el bizcocho frío dejando que caiga por los bordes de forma natural