Hay pocas cosas más satisfactorias que abrir un tarro de mermelada de naranja hecha por ti. El color, el olor que sale cuando retiras la tapa, ese sabor que no tiene absolutamente nada que ver con lo que encuentras en el supermercado...
Si tienes Thermomix, hacerla es tan sencillo que, una vez que la pruebes, no vas a querer volver a comprarla.
Esta receta la preparo cada invierno, cuando las naranjas están en su mejor momento. Tenemos la suerte de tener naranjas buenísimas entre noviembre y abril, y no hay mejor forma de aprovechar la temporada que hacer unas cuantas tandas de mermelada para tener la despensa surtida todo el año.
Lo que más me gusta de hacerla en Thermomix es que te olvidas por completo. No hay que estar removiendo, ni vigilando que no se pegue, ni ajustando el fuego.
Pones los ingredientes, la programas y te vas a hacer otra cosa. Cuando suena el pitido, ya tienes la mermelada lista. En total, unos 45 minutos de cocción sin hacer prácticamente nada.
He ido afinando esta receta a lo largo de los años, probando distintas proporciones de azúcar, tiempos de cocción y trucos que he ido aprendiendo.
La versión que comparto aquí es la que mejor resultado me da, una mermelada con sabor intenso a naranja, nada empalagosa, con buena textura y que se conserva perfectamente durante meses.
La cocción en dos fases es lo que marca la diferencia. En lugar de programar directamente a temperatura Varoma (que ronda los 120 °C y puede provocar salpicaduras fuertes), empezamos con 30 minutos a 100 °C.
En esta primera fase la fruta suelta su jugo, el azúcar se disuelve completamente y la mezcla reduce de forma suave y controlada, sin riesgo de que salte.
Después, subimos a temperatura Varoma durante 15 minutos. Ese golpe final de calor es el que carameliza ligeramente los azúcares, concentra la mermelada y activa la pectina natural de la fruta, para que cuaje al enfriarse.
La proporción que uso es de un kilo de naranjas peladas por 400 gramos de azúcar. Es menos azúcar que en las mermeladas industriales (que suelen llevar un 60-65 % de azúcar), y eso permite que el sabor a naranja sea el protagonista real.
Si te gusta más dulce puedes subir hasta 500 gramos, pero no te lo recomiendo, con 400 el equilibrio entre dulzor y acidez es perfecto.
El zumo de limón no es solo para dar sabor. El ácido cítrico del limón ayuda a que la pectina natural de las naranjas gellifique mejor, así que la mermelada cuaja de forma más consistente sin necesidad de añadir pectina comercial ni espesantes.
Elige bien las naranjas. Las mejores para mermelada son las naranjas de mesa o de zumo, que estén en temporada, firmes y pesadas para su tamaño, señal de que tienen mucho jugo.
Si puedes conseguir naranjas ecológicas o sin tratar, mejor, sobre todo si vas a usar ralladura de la piel. Evita naranjas demasiado maduras, porque la fruta pasada ha perdido parte de su pectina natural y la mermelada cuajará peor.
Quita toda la parte blanca. La piel blanca de la naranja amarga muchísimo. Pélalas a cuchillo, en vez de a mano, para poder retirar bien todos los hilos y membranas blancos.
También quita las pepitas, que amargan igualmente. Es el paso más tedioso de la receta, pero es el que decide si tu mermelada sabe a naranja o a naranja amarga.
Usa siempre el cestillo sobre la tapa, es fundamental. La mermelada hirviendo salpica y, sin el cestillo haciendo de filtro, puede saltar por el hueco del cubilete y manchar toda la encimera (o peor, quemarte).
Retira el cubilete y coloca el cestillo sobre la tapa para que el vapor salga y la mezcla reduzca, pero las salpicaduras queden contenidas.
Aprovecha el tiempo de cocción para esterilizar los tarros. Mientras la mermelada se hace, puedes esterilizar los tarros hirviéndolos en una olla con agua durante 10-15 minutos, o en el lavavajillas a temperatura alta. Los tarros deben estar calientes y secos cuando viertas la mermelada.
No te fíes del aspecto en caliente. La mermelada siempre parece más líquida de lo que realmente queda al enfriarse. Para comprobar el punto, pon un platito en el congelador antes de empezar.
Cuando termines la cocción, echa una cucharadita de mermelada en el plato frío, espera un minuto y pásale el dedo por encima. Si hace un surco y no vuelve a juntarse, está lista. Si sigue muy líquida, dale 5 minutos más a temperatura Varoma.

Lava bien las naranjas bajo el grifo, sobre todo si vas a usar la ralladura. Ralla la piel de una de ellas con un microplane o rallador fino, solo la parte naranja, sin llegar a lo blanco. Reserva la ralladura.
Pela todas las naranjas a cuchillo, retirando la piel y toda la parte blanca. Sepáralas en gajos y quita las membranas blancas centrales y las pepitas.
Pesa la pulpa limpia: necesitas unos 750-800 g. Cada naranja da unos 150-180 g de pulpa limpia, así que con 5-6 naranjas medianas suele ser suficiente.
Pon la pulpa de naranja en el vaso de la Thermomix junto con el azúcar, el zumo de limón, y la ralladura reservada. Programa 10 segundos a velocidad progresiva 5-7-10. Si prefieres la mermelada con trocitos, 5-6 segundos a velocidad 4-5 son suficientes. Si la quieres fina y homogénea, sube a 15 segundos a velocidad 10.
Baja los restos de las paredes del vaso con la espátula.
Programa 30 minutos, 100 °C, velocidad 1. Retira el cubilete y coloca el cestillo sobre la tapa de la Thermomix para evitar salpicaduras y permitir que el vapor salga, lo que ayuda a que la mezcla se reduzca y concentre.
Durante esta fase la mezcla burbujea suavemente, el azúcar se integra con la fruta y la mermelada empieza a espesar.
Sin dejar que se enfríe, programa otros 15 minutos a temperatura Varoma (120 °C aproximadamente), velocidad 1. Mantén el cubilete retirado y el cestillo sobre la tapa, igual que antes.
En esta fase la cocción es más intensa y la mermelada reduce y oscurece ligeramente, concentrando todo el sabor.
Haz la prueba del plato frío, pon una cucharadita de mermelada en el platito que tenías en el congelador, espera un minuto y pásale el dedo. Si hace un surco limpio y la mermelada tiene textura de gel suave, está lista.
Si sigue muy líquida, programa 5 minutos más a temperatura Varoma, velocidad 1, y vuelve a probar. Ten en cuenta que la mermelada espesa bastante al enfriarse, así que es preferible que parezca ligeramente líquida en caliente a que quede como un bloque al día siguiente.
Vierte la mermelada inmediatamente, aún muy caliente, en los tarros de cristal esterilizados y secos. Llena hasta casi el borde, dejando solo medio centímetro libre. Cierra las tapas con fuerza y dale la vuelta a los tarros (boca abajo).
Déjalos así hasta que se enfríen completamente. Este paso es el que genera el vacío que permite conservar la mermelada durante meses fuera de la nevera.
Este es un punto que mucha gente pasa por alto y es importantísimo para que la mermelada dure meses en la despensa sin estropearse.
Lava los tarros y sus tapas con agua caliente y jabón, aclara bien. Después tienes dos opciones para esterilizar:
En una olla sumerge tarros y tapas en agua fría, llévalos a ebullición y hierve durante 10-15 minutos. Sácalos con pinzas y deja escurrir boca abajo.
Para mermeladas con al menos un 40-50 % de azúcar (como esta), el método más sencillo es el del volteo en caliente. Llena los tarros con la mermelada recién hecha, cierra con fuerza y voltea boca abajo. Al enfriarse, la tapa se hunde hacia dentro creando un sellado hermético.
Si quieres una conservación más larga (un año o más), puedes hacer la esterilización completa al baño maría: con los tarros ya cerrados, sumérgelos en una olla con agua que los cubra y hierve durante 20-25 minutos. Deja enfriar dentro del agua.
Cuando el tarro esté completamente frío, la tapa tiene que estar cóncava (hundida hacia dentro), y no debe hacer "clic-clac" al presionarla. Si la tapa sube y baja al apretar, el vacío no se ha hecho, asi que guarda ese tarro en la nevera y consúmelo en las próximas 2-3 semanas.
Con vacío correcto (volteo en caliente): entre 6 y 12 meses en un lugar fresco, seco y oscuro (despensa, armario). Una vez abierto, siempre en la nevera y consumir en 3-4 semanas.
Con esterilización al baño maría: hasta un año o incluso más, en las mismas condiciones.
Sin hacer vacío (tarro cerrado sin más): máximo 3-4 semanas en la nevera.
En la nevera sin tarro (en un bol tapado con film): 1 semana como máximo.
Un detalle importante: usa siempre una cuchara limpia para sacar la mermelada del tarro una vez abierto. Meter una cuchara usada (con restos de mantequilla, por ejemplo), introduce bacterias y acorta la vida del producto.
Mermelada de naranja amarga (estilo inglés): si tienes acceso a naranjas amargas, úsalas. La preparación es la misma pero deja la piel de una o dos naranjas en la mezcla (bien lavada, cortada en tiras muy finas).
El resultado es una mermelada más intensa, con un amargor elegante que va de maravilla con tostadas con mantequilla y con tablas de quesos. Puede que necesites subir el azúcar a 450-500 g para equilibrar.
Con jengibre: añade 20-30 g de jengibre fresco, pelado y rallado, junto con las naranjas antes de triturarlas. Le da un toque picante y cálido que combina fenomenal con el cítrico. Muy buena para acompañar quesos curados o foie.
Con canela y clavo: echa una rama de canela y 2-3 clavos de olor en el vaso durante la cocción. Retíralos antes de envasar (o tritúralos con la mezcla si quieres que el sabor sea más intenso). Sabe a Navidad.
Con zanahoria: añade una zanahoria pequeña pelada y troceada antes de triturar todo. Es un truco clásico de las recetistas de Thermomix. La zanahoria intensifica el color naranja, aporta un dulzor natural suave y ayuda a que la textura quede más sedosa, sin que se note su sabor.
Con menos azúcar: puedes bajar a 300 g de azúcar si prefieres una mermelada menos dulce y más ácida, pero ten en cuenta que a menos azúcar, menos conservación (guárdala siempre en la nevera y consúmela en 2-3 semanas), y la textura queda más líquida.
Con edulcorante: no lo recomiendo para la cocción en Thermomix porque los edulcorantes no gellifican ni conservan igual que el azúcar. Si quieres reducir el azúcar pero mantener la textura, prueba con azúcar de abedul (xilitol), y añade un sobre de pectina comercial (tipo Dr. Oetker), a mitad de cocción.
Mermelada de naranja y limón: sustituye un tercio de las naranjas por limones pelados (sin pepitas ni parte blanca). El resultado es más ácido y refrescante.
Con un toque de ron o cointreau: una vez terminada la cocción, antes de envasar, añade una cucharada de ron añejo o de cointreau y mezcla unos segundos a velocidad 2. El alcohol se evapora en parte con el calor residual pero deja un aroma de fondo muy elegante.

En tostadas de pan con mantequilla: el clásico. Pan recién tostado, mantequilla que se derrite y una cucharada generosa de mermelada. No hace falta decir más.
Para rellenar bizcochos: funciona de maravilla como relleno entre capas de bizcocho, o como base de una tarta de queso al horno.
Con quesos: sobre una tabla de quesos curados (manchego, Idiazábal, parmesano), la mermelada de naranja está espectacular. También con quesos frescos tipo burrata o mozzarella.
Glaseado para carnes: diluida con un poco de mostaza y vinagre, funciona como glaseado para solomillo, magret de pato o pollo al horno.
En yogur: una cucharada en un yogur natural lo transforma por completo.
Para regalar: un tarro de mermelada casera con una etiqueta bonita es un regalo que siempre se agradece, sobre todo en Navidad.
Hacer mermelada en Thermomix es una de esas cosas que, una vez que aprendes, ya no dejas de hacerla. Es rápido, es limpio, el resultado es infinitamente mejor que cualquier mermelada comercial y te da esa satisfacción de abrir un tarro en julio y que sepa a las naranjas de enero.
Si estás empezando con las mermeladas caseras, esta de naranja es la mejor para arrancar: los ingredientes son baratos y fáciles de encontrar, el proceso no tiene complicación y el margen de error es muy pequeño. También puedes probar con la de ciruela, que sale buenísima!
Si la preparas, cuéntamelo en los comentarios, y si le encuentras tu propia variación, compártela. Las mejores recetas son las que van evolucionando con cada cocina.
Receta de mermelada de naranja casera en Thermomix con tiempos, temperaturas y velocidades comprobados. Fácil, natural y lista en menos de una hora.
Lava bien las naranjas. Ralla la piel de una de ellas, solo la parte naranja, con un rallador fino. Reserva.
Pela todas las naranjas a cuchillo retirando la piel y toda la parte blanca. Separa en gajos, quita las membranas blancas centrales y las pepitas. Pesa la pulpa limpia, necesitas unos 750-800 g.
Pon la pulpa en el vaso junto con el azúcar, el zumo de limón y la ralladura reservada. Programa 10 segundos, velocidad progresiva 5-7-10.
Si la quieres con trocitos, 5-6 segundos a velocidad 4-5. Si la prefieres fina, 15 segundos a velocidad 10.
Baja los restos de las paredes con la espátula.
30 min / 100 °C / vel. 1.
Retira el cubilete y coloca el cestillo sobre la tapa para evitar salpicaduras y dejar que el vapor salga.
15 min / Varoma / vel. 1.
Sin dejar enfriar, programa directamente. Mantén el cubilete retirado y el cestillo sobre la tapa.
Pon una cucharadita de mermelada en un platito que hayas tenido en el congelador. Espera un minuto y pásale el dedo, si hace un surco limpio que no se cierra, está lista. Si sigue muy líquida, 5 minutos más a Varoma, velocidad 1. Recuerda que espesa bastante al enfriarse.
Vierte la mermelada inmediatamente, aún muy caliente, en tarros de cristal previamente esterilizados y secos. Llena hasta casi el borde dejando medio centímetro libre. Cierra las tapas con fuerza.
Dale la vuelta a los tarros boca abajo y déjalos así hasta que se enfríen completamente. El calor pasteuriza la cámara de aire y al enfriarse la tapa se hunde hacia dentro creando el sellado. Cuando estén fríos, comprueba que la tapa no hace clic-clac al presionarla.